Hola a todas/os. Estoy de vuelta en mi tierra galega por unos días.
Buena comida, otra luz, otra temperatura, otras gentes, otras perspectivas. La tierra siempre tira. Y ésta, más.
A
muy poca distancia está bramando el océano Atlántico, pero la ría de Vigo es un espejo de agua ajena a la espuma que bulle en los acantilados orientales de la Illa do Faro . Dicen que el nombre de Atlántico deriva del titán Atlas (o Atlante), condenado por Zeus
a soportar las columnas que mantienen la tierra separada del cielo por toda la eternidad.
![]() |
| Me estoy poniendo "cuadrao" |
Como a los irreductibles galos creados por René Goscinny y
Albert Uderzo, solo le tengo miedo a una cosa, que el cielo se me caiga
encima. No es que desconfíe de la titánica fuerza y paciencia estoica de Atlas,
pero estos aires de pesimismo que vienen y van en Europa lo contagian todo y por eso de vez en cuando levanto un
poco la cabeza para asegurarme de que el firmamento sigue en su sitio. Porque
todas/os acabamos por desconfiar de nuestros propios límites y fuerzas.
Todas/os somos, de una manera u otra, como Atlas. Soportamos el peso de los cielos
sobre nuestros hombros. Y esas intimidantes y oscuras nubes
que ayer asomaban en el horizonte, están ya bajo nuestras cabezas amenazando con
descargar una furiosa tormenta. El cielo se ha vuelto más pesado, más insoportable porque está cargado de injurias, de mentiras y embustes que nos confunden y angustian.
Por suerte, sobre todo para ella, mi madre ha encontrado trabajo
para este verano en el Servicio de limpieza de los espacios públicos en las playas del Concello de Redondela. A la convocatoria se presentó una buena cantidad de
personas, más de mil, según se dice (ahora mismo no lo puedo asegurar). En total, se ofertaban 15 puestos. Muchas
personas se quedaron fuera. Otras han tenido más suerte y han encontrado un
trabajo, aunque sea temporal que, con estos mimbres, es todo un lujo.
¿Por qué cuento esto? Pues resulta que muchas/os de los que no
han logrado formar parte de la lista de seleccionadas/os no lo aceptan. Comparto su desencanto. Pero no solo
están disgustadas/os por no haber sido elegidas/os, sino que están
indignadas/os porque en la lista final hay tres extranjeras/os.
Y para más inri, uno de ellos consiguió
el puesto de capataz y las dos personas suplentes para este puesto son también
de fuera. El malestar es generalizado, a tal punto que muchas/os
de las/os que se han quedado fuera hablan de organizarse para ir a pegar a esta
gente. “Vienen a quitarnos el pan” es el tópico común. Si se llama Ahmed no
puede ser bueno. Aunque las fiesta de A Coca ya hayan pasado (pongo el enlace para que evitar confusiones con el nombre del evento), el dragón no solo no está dormido sino que ahora pasa de raptar doncellas y llevarlas a su cueva y se dedica a arremeter contra las/os forasteras/os.
Las cosas no van bien para la mayoría. Apenas hay ofertas de
trabajo y el número de personas desempleadas/os no deja de aumentar. Y cada
una/o quiere barrer para su casa. Atrás quedaron los años de bonanza, despreocupación
y gasto irresponsable y desenfrenado. Cuando nos iba bien, "que lo haga otra/o" nos parecía una buena idea. Y si esto fue así y estamos como estamos, "la culpa será necesariamente del otro/a". La gente asiste al desmembramiento sistemático
de su estado del bienestar y ve con desconfianza el presente y el futuro. En la cuerda floja poco se puede pensar y se activa el "sentido común". Deseamos que todo vuelva a ser como era antes, pero no antes de antes, sino solamente antes, cuando todo estaba bien y nos daban más crédito del que podíamos pagar.
Ayer leía en El País “Argumentos para la batalla por la identidad europea” en la sección de Cultura. En el artículo, Giani Vattimo, pensador italiano decía: “Europa siempre fue multicultural. Pensar lo contrario sería absurdo. Nunca fue monocultural… hasta ahora, cuando la única cultura es la económica”. En fin, qué les voy a contar. Día tras día son decenas, cientos de noticias sobre la crisis económica y los dimes y diretes de la clase política europea. Como si no tuviésemos bastante ya con lo nuestro. Que esto se va a hacer gárgaras, que Europa se (co)rompe, que el euro se va a disolver, que la inflación se inflama y la prima va a por el ochomil, que Alemania aplasta a Grecia (no sólo en la Eurocopa), que si rescates duros, rescates blandos, pseudorescates e inyecciones de nitrglicerina a la banca ... Que dios nos dé paciencia y un carro para llevarla. Es para morderse las uñas hasta los mismos codos (ahora que había dejado de hacerlo). De cuando en vez me aseguro de que lo que estoy leyendo no está firmado por el marqués de Sade. Aunque en medio de tanto histerismo hay cabida también para la esperanza. Y no porque lo que nos cuenten sea bonito, sino porque al leerlo uno tiene la sensación de que no le están tomando por idiota. Quiero recoperar unas frases de Soledad Gallego-Díaz, del artículo de opinión "El único mérito, el de la cuidadanía" del mismo periódico y día:
"Dirigentes que debían dar la impresión de afrontar juntos una de las peores crisis de la historia reciente aparecen enfrentados, defendiendo intereses nacionales y dando pábulo a todo tipo de estereotipos, es decir, proporcionando el aire imprescindible para que se propaguen, una vez más, lugares comunes sobre las características 'nacionales' de unos pueblos y de otros. Ya sabemos lo que sucede cuando la austeridad impuesta sin freno se junta con los tópicos. El gobernador del Banco de Austria lo dijo esta semana sin tapujos: 'Así nacen los fascismos'" (El destacado es mío).
No soy el único que me sumo a las profecías, sean éstas más o menos plausibles. Mi ánimo no es el de deprimir más a nadie, era lo que faltaba. A ver, yo soy de los que piensan como lo hacía José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922 - Tías, España, 2010): "Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay". Seámos honestas/os, ¿quién no ha sido optimista hasta hace bien poco? El/la optimista llega a ser irresponsable porque, aun queriéndo cambiar las cosas, acaba cayendo en la trampa de las utopías construidas sin cimientos y con materiales demasiado ligeros. Que nadie se ofenda. Hay optimismos y optimismos. Y benditos sean. ¡Qué sería de nosotras/os sin ellos y sin las utopías! Pero entiéndanme. Una/o no debe conformarse con pensar que ya todo está bien y que solo se puede ir a mejor, cuando lo mejor significa solamente más y más de lo mismo. En una entrada anterior (Eraserhead...) me refería al peligro de pandemia provocado por la maldición del presente continuo (¿o quizás pres[id]ente [dis]continuo?) que sobrevuela nuestras cabezas. Como ésa, el peso de este cielo reflex blue (una mezcla de cian y magenta) y 12 estrellas amarillas formando un círculo nos puebla la vista de figuras fantasmagóricas venidas de las profundidades más oscuras de nuestras formas compartidas de ver e interpretar el mundo. Yo me veo devorando a mis hijas/os antes de que mis padres me devoren a mí, preocupado porque otras/os titanas/es vengan a descuartizarme con sus tijeras, guadañas y machetes, pero poco a poco,;recortándome pacientemente como quien prepara un jamón para sacarle después finas lonchas hasta llegar al hueso. O por qué no, saboreando mi propia carne que ha estado macerando en una dulce vinagreta de autocomplacencia y egocentrismo.
Lo más fácil es echarle la culpa al otro/a. Es todo un
clásico renovado. Volviendo a "Argumentos para la batalla por la identidad europea", el novelista napolitano Erri de Luca dice: “Hoy más que nunca
existe una brecha entre la Europa continental y la mediterránea”. Ya. No es para menos. Aquí atábamos los perros con chorizos y ahora, como buenos PIIGS, Alemania quiere hacer Würste con nosotros. Pero bueno, por lo menos serviremos de picadillo, que será mejor que lo que están haciendo con Grecia: mandarla a hacer morcillas. Massimo Casciari, filósofo y antiguo alcalde de Venecia advierte: “Hay algún país, sobre todo
Alemania, que está volviendo al egoísmo nacionalista para salir de la mayor
crisis que el hombre ha conocido. Es un error. Alemania ya destruyó Europa en
dos ocasiones. Sin pretender paralelismos absurdos, creo que la obligación de
los demás países, sobre todo Italia y España, es luchar por una política
cultural europea. No podemos dejar esto en manos de los tecnócratas”. Y Félix Duque, ex director del congreso Buscando imágenes para Europa añade: “El proyecto actual nace del terror a una nueva guerra fratricida, civil, y se va concretando a través de la desconfianza y el rencor. Siempre ha sido así; y la misión del arte consiste precisamente en sacar a la luz los recelos y la solidaridad, siempre a punto de quebrar”.
Veamos, yo no me voy a poner tan apocalíptico, pero tampoco tan integrado. En mi opinión no hay imagen más aterradora que la del ayer, puesto que, pongamos como nos pongamos, no la podemos cambiar. Pero sí podemos hacerlo con el futuro. Una idea de futuro no como un espacio-tiempo indeterminado, en el que todas/os llevaremos ajustados trajes como de neopreno, viviremos 200 años y follaremos solo si nos podemos permitir una conexión a internet de 250 gbps y un antivirus a prueba de bomba. No. Me refiero al futuro como un proyecto ilusionante de invertir el tiempo presente en corregir los errores del pasado. El pintor Eduardo Arroyo comenta: “Por muy crudos que parezcan los tiempos, de los problemas actuales saldrá fortalecida la idea continental”.
Europa se va a salvar. ¿Qué Europa? No lo sé. Quizá vaya siendo hora de hablar de ello, ¿no les parece? Y de paso, tampoco estarían de más unas clases de Historia. Eso sí, como decía un profesor que tuve en el bachillerato, la Historia es mejor estudiarla hacia atrás. No se refería precisamente a leer de espaldas con la ayuda de un espejo. Tampoco se trata de echar la vista atrás con añoranza y recuerdos lastimeros. Se trata, en todo caso, de saber de dónde venimos, reclamar nuestro derecho a saber dónde (y en qué situación) estamos y poder decidir hacia dónde queremos dirigirnos.
Europa ha sido cuna de muchas y grandes ideas, pero también escenario de terríbles atrocidades. No sigamos condenándonos a repetir la historia a cambio de un plato de lentejas. Nos os voy a decir qué es lo que hay que hacer. Porque no lo sé y porque no creo que haya que hacer solo una única cosa.
Hoy estoy un poco disperso. Discúlpenme. Es que estoy de vacaciones, pienso que merecidas. Para la próxima prometo ser más concreto. Pero no por ello menos pesado. Hasta la próxima.
Salu2
moisesdechapela
P.D. Sentíos libres de comentar lo que os venga en gana. Eso me dará ánimos para segir y para enmendar errores. Porque yo quiero. ¿Y vosotras/os?


Sinceramente es un placer poder leer y recrearse en todo lo que escribes y describes de una forma amplia, elegante, crítica pero respetuosa. Humildemente te animo a que sigas escribiendo y deleitándonos con tus comentarios y opiniones y animo a que muchos sobre todo jóvenes analicen detenidamente todo lo que tratas de transmitir. Me alegro además por tu madre por ese mini trabajo.
ResponderEliminarUn saludo y que tengas mucha suerte como un buen futuro periodista que ya lo eres. Pepe M.